Despacio pues, que llevamos prisa

(Segunda parte)

 

Felipe Flores Núñez

 

Referíamos la semana pasada sobre la inminente legalización en México de la marihuana con fines recreativos, a juzgar por el acelerado impulso a la iniciativa que han promovido tanto las mayorías parlamentarias de Morena, como el equipo de gobierno federal que justo en 10 días entrará en funciones.

Tal celeridad, sostuvimos, no ha permitido hacer ponderación alguna sobre los efectos que conlleva tal medida, especialmente en los ámbitos social, político, económico, de salud y, desde luego, de seguridad pública.

A grandes rasgos, la iniciativa de Morena plantea la posibilidad de consumir marihuana en la vía pública y permite que cada persona pueda cultivar hasta 20 plantas de cannabis para su consumo personal.

Para regular y controlar la marihuana, Morena propone crear cooperativas de dos y hasta 150 personas que pueden cultivarla para consumirla, aunque sin autorización para comercializarla, en tanto que para uso industrial, se autorizará la siembra, cultivo, cosecha, preparación, fabricación, producción, distribución y venta de cannabis, con permisos de cinco años.

También se plantea la creación del Instituto Mexicano de Regulación y Control del Cannabis como máxima autoridad para regular, reglamentar, monitorear, sancionar y evaluar el uso de la marihuana.

¿Estamos listos y educados como sociedad para cambios tan drásticos?

¿Cómo se les explicará este tema a nuestros niños y adolescentes?

¿Existe el andamiaje institucional para solventar las innovaciones?

¿Contamos con un sistema de salud suficiente y capaz para impulsar programas de prevención de adicciones y en su caso, de rehabilitación?

¿Cómo evitar que los nuevos consumidores no escalen a otro tipo de drogas —lo cual ocurre en la mayoría los casos— como la cocaína u otras sustancias químicas de alto contenido tóxico?

¿Cómo se controlará el mercado, la ley de la oferta y la demanda?

Con esas nuevas reglas, ¿se desinhibirá a quienes hoy trafican y lucran con la yerba?

Que su posesión o consumo sea legal, ¿reducirá en automático los índices de violencia entre los grupos delincuenciales?

¿Saben cómo reaccionarán quienes componen actualmente la cadena del narcotráfico: productores, distribuidores, vendedores a gran escala y narcomenudistas?

Hay otras muchas preguntas ante la complejidad del tema, que de manera simplista y sin tanto regodeo podría visualizarse así: muy pronto la marihuana será un artículo de fácil acceso y los jóvenes, que conforman el segmento social más vulnerable, podrán adquirirla tan cómodamente como cuando quieren comprar una paleta, una cerveza o un cigarrillo, e incluso podrán tener su propia “mata” en el jardín de su casa.

¿Los jóvenes, que serían potencialmente los más implicados, sabrán afrontar los retos adyacentes?

Veamos los datos duros: el Informe Mundial sobre Drogas 2018 de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, reporta que hay 192 millones de personas que consumen marihuana en todo el mundo y de ese universo, 13.8 millones son jóvenes de 15 y 16 años.

Diversas organizaciones en materia de salud han argumentado que el riesgo de iniciación en el abuso de sustancias se da en el período de la adolescencia, entre los 12 y 17 años, y que el abuso en las drogas llega a su auge en las personas de 18 a 25 años.

De acuerdo con la ONU, desde su legalización en Colorado, EEUU, el consumo de marihuana se ha incrementado sustancialmente entre jóvenes de 18 a 25 años y mayores de 26 años, y se ha producido un aumento considerable de las visitas a los servicios de urgencias, los ingresos hospitalarios y las muertes por accidente de tráfico relacionados con el consumo del cannabis.

Y añade sobre la necesidad de que los jóvenes sean conscientes de que el consumo de drogas acarrea daños no sólo médicos, sino también socioeconómicos. “El abuso de sustancias en la adolescencia incrementa la probabilidad del desempleo, los problemas de salud física, las relaciones sociales disfuncionales, la tendencia al suicidio, las enfermedades mentales e incluso la reducción de la esperanza de vida”.

Aquí en México, la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2016-2017 indica que el consumo de drogas aumentó 47% en los últimos 7 años. Entre los adolescentes de 12 y 17 años, aumentó 125% y en mujeres 222 por ciento. En nuestro país hay 8.4 millones de habitantes que dicen haber consumido por primera vez o única vez una droga. La marihuana es la más consumida por los mexicanos, después de la cocaína y el crack.

En 2016, 17 mil 808 personas fueron atendidas en centros de atención de adicciones por consumo de marihuana.

Dejo clara mi posición sobre este espinoso tema: no estoy en contra de la legalización, ni siquiera del planteamiento general de la iniciativa, no obstante, me queda claro que hace falta una discusión más a fondo y todo un proceso previo en varias vertientes para hacerlo viable. Y eso requiere tiempo.

En este momento el nuevo gobierno deberá preocuparse y ocuparse de otros temas de mayor significado e impacto social que requieren soluciones a corto plazo.

Es cierto que el país reclama cambios, pero debe haber una escala de prioridades.

Ya habrá tiempo, todo a su momento.

Despacio pues, que llevamos prisa.


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