Caravana migrante: un cambio de paradigma

La teoría de la relatividad de Einstein constituyó el nuevo paradigma que vino a cambiar lo que parecía incambiable: la física de Newton. Esta nueva teoría nos hizo ver nuevos paradigmas, caminos ignotos jamás percibidos por una mente cuadrada y exacta como pieza de relojería. Se trataba de una alternativa realmente conmocionante. Las viejas leyes de la mecánica resultaban no ser universales, no nos servían al nivel de las galaxias ni al de los electrones. Nuestra comprensión de la naturaleza hubo de trasladarse desde un paradigma de exactitud a un paradigma de indeterminación, de relatividad.

Hoy, todos los paradigmas antiguos se han caído. Ya no existen referentes. Nuevas concepciones del mundo y de la sociedad surgen, revolucionando nuestros sentidos con principios que habían siempre estado ahí, pero que no habíamos reconocido. Las cosas funcionaban siempre igual, pero eso no implicaba que no pudieran funcionar de otra manera. Con frecuencia tratamos de solucionar de modo irracional los problemas, dentro del antiguo contexto, con nuestras viejas herramientas, en vez de percatarnos de que las crisis que se están sucediendo son solamente un síntoma de nuestra propia contumacia y testarudez.

Este es el caso de la “crisis” provocada por la caravana migrante hondureña, en donde nuestro Gobierno Federal muestra claramente su obsecuencia a los dictados de Washington, poniéndose “de tapete” en una forma indigna ante los bramidos del imperio, no tan solo haciéndole el juego sino sirviendo de “garrote de contención”, con el pretexto de la seguridad nacional, pues se dice, por el vociferador del norte, que los migrantes están manipulados y que son perversos. Y volvemos a repetir la misma escena, la misma política del miedo y del garrote, desde las épocas de Bush y de Obama. Somos y seguimos actuando como el muro de contención y la policía fronteriza de los Estados Unidos.

La diferencia es que ahora hay otra voz que tiene fuerza y clama por un trato humano y solidario (“donde come uno comen dos”) y ofrece trabajo a los sin trabajo hondureños, ante las críticas xenófobas envueltas en una nacionalismo a ultranza. Y la ONU y distintas asociaciones pro derechos humanos han levantado la voz para recordarle a los gobiernos el trato digno y humanitario a cada migrante, independientemente de existir manipulación o no, en su movimiento. Se trata de seres humanos que buscan mejores horizontes de vida ante las circunstancias criminales de sus gobiernos, que los empujan desesperadamente a encontrar nuevos caminos que les permitan una vida digna y en paz. Honduras sufre por un lado la crudeza del imperialismo yanqui con sus bases militares instaladas en su suelo en 1980 y en el 2010. Y el golpe de Estado del 2009 contribuyó a agudizar la degradación social y la explotación. Este país tiene una de las tasas de homicidio más altas de América Latina. Y como explica Amarela Varela en “La trinidad perversa: violencia feminicida, violencia del mercado y violencia del estado”, el éxodo centroamericano debe entenderse como “una migración forzada” para escapar de esa violencia sistémica que destruye comunidades, familias y personas.

Lo que sucede aquí se suma a la ola de migraciones en todo el mundo, lo que nos lleva a pensar en un nuevo paradigma que rompa las barreras artificiales de las fronteras basadas en la fuerza militar de los estados, en “Las venas abiertas de América Latina” de Galeano y a cuestionar los fundamentos mismos del derecho Internacional y del trato humanitario. La realidad nos indica que las causas de la migración son multifactoriales y que en un mundo globalizado todos tenemos una responsabilidad moral como seres humanos, por encima de geografías y fronteras.

Gracias, Puebla. Y te recuerdo: “LO QUE CUESTA DINERO VALE POCO”.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *