A diferencia de sólo unos días, la semana pasada dejaron de existir dos personajes que debido al alcance de sus aportaciones formativas y de su influencia social, sin duda serán recordados con respeto y veneración por muchas generaciones de poblanos. Fotografía: Twitter @soyuniversitar1

Felipe Flores Núñez
10 septiembre, 2018 , 7:51 pm

Personajes icónicos

A diferencia de sólo unos días, la semana pasada dejaron de existir dos personajes que debido al alcance de sus aportaciones formativas y de su influencia social, sin duda serán recordados con respeto y veneración por muchas generaciones de poblanos.

Si bien no hay paralelismos, por su propio desempeño dentro del ámbito instructivo, ambos son ya figuras icónicas.

A los 97 años, el miércoles murió el Coronel Raúl Velasco de Santiago, uno de los fundadores del Centro Escolar Niños Héroes de Chapultepec y durante más de dos décadas director de Educación Física en el Estado.

Oriundo de Chihuahua, Velasco de Santiago llegó a Teziutlán con el grado de capitán de caballería en 1952 a invitación del general Rafael Ávila Camacho (luego gobernador estatal), de quien había sido su jefe de ayudantes.

En 1957 surgió el CENHCH en la capital poblana, como el puntal del Sistema de Centros Escolares. En su inicio recibió a 3 mil 250 alumnos bajo la dirección general del Profesor Enrique Martínez Márquez, quien se allegó de los más prestigiados académicos en todos los niveles educativos, entre ellos Velasco de Santiago como Director de Educación Física y Prefecto de Disciplina.

Ambos formaron la mancuerna perfecta, ya que mientras uno se dedicó a elevar la calidad académica de la institución y a inculcar los valores éticos, morales y cívicos, mientras que de forma paralela, el otro se empeñó por consolidar un riguroso sistema disciplinario y fomentar las actividades deportivas en múltiples disciplinas.

Con esos pilares de formación integral se configuraron grupos escolares representativos: bandas de guerra y música, cuerpos de panderos y bastoneros, destacados atletas en diversas disciplinas, desde el futbol soccer, futbol americano, basquetbol y voleibol, hasta gimnasia, atletismo e inclusivo el hipismo, que le dieron a la institución prestigio y reconocimiento nacional e internacional en competiciones, desfiles y actos cívicos

A Velasco de Santiago se le atribuye, además de la incorporación de los vistosos carros alegóricos en los tradicionales desfiles del 5 de mayo, y la creación de los conocidos y afamados “mosaicos”, mediante los cuales se hacían gigantescas representaciones plásticas, con la participación de centenares de alumnos, entre ellos este reportero cuando apenas cursaba los últimos años de la educación primaria.

Esos “murales humanos”, que en su inicio fueron estáticos y en blanco y negro, luego evolucionaron con figuras coloridas y hasta con imágenes en movimiento de espectacular luminosidad, al grado de que se les invitara para participar en la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de 1968.

Esas y otras muchas aportaciones son ahora añoradas por miles de los que fueron alumnos del CENHCH, quienes lo recuerdan por su recia personalidad y su justo equilibrio entre el profesor enérgico y exigente, pero de trato afable, y se le evoca en sus recorridos por el extenso campus escolar, en compañía de su inseparable perro de pelaje blanco llamado “Único”.

El otro personaje que ahora se rememora es Manuel Díaz Cid, fundador del movimiento político-social conocido como El Yunque, exdirector de la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, de la que también fue pionero, consultor del Vaticano y presidente del Instituto de Investigaciones Socioeconómicas Motolinía, además de ideólogo del partido Acción Nacional, analista político, escritor y maestro de varias generaciones.

Se le atribuye también la creación del Frente Universitario Anticomunista (FUA), conformado por jóvenes que consideraban que la Universidad Autónoma de Puebla (UAP) promovía el comunismo.

Diaz Cid lideró ideológicamente a los segmentos de la derecha conservadora poblana, incluyendo al grupo que frente a la circunstancias debieron abandonar la UAP y luego fundar lo que hoy es la UPAEP, tras varios incidentes violentos que causaron conflictos y fracturas sociales.

De esas vivencias, Díaz Cid reconocería en un escrito que muchas de sus acciones no siempre acertadas, fueron siempre bien intencionadas; “por nuestra fe, por nuestro ideal marchamos en la primera fila desde 1956 hasta 1973, sin importar los riesgos, sabedores de que nos había tocado en suerte ser la generación de los tiempos violentos, con la firme esperanza de ayudar a construir los cimientos de una sociedad fundada en la libertad el amor y la justicia”.

Tras reconocer “que fuimos los aguafiestas de aquellos tiempos”, confesó también haber descubierto también “que el mal, como los ojos, no se ve a sí mismo. Sigo convencido de que no tenemos derecho a encadenarnos al pasado y que el futuro de México no puede estar en repetir una y otra vez los mismos errores cometidos. Nuestra disyuntiva está en rechazar el ser los últimos de ayer y aceptar ser los primeros de mañana. Lo demás es historia”.

Manuel Diaz Cid murió el pasado viernes a los 79 años.

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