Peinado gratis para las iraquíes de un campamento de desplazados


Fotografía: SAFIN HAMED / AFP Fotografía: SAFIN HAMED / AFP

AFP/ Marisol RIFAI
14 febrero, 2017 , 7:45 am

  • Al principio se muestran reticentes a separarse de sus maridos para irse con una desconocida, pero Chnoor convence a una decena para que la sigan hasta una peluquería improvisada

Campamento de Hasancham, Irak.- Dos veces por mes, Chnoor Jezri llega con tijeras, cepillo y cera azul para “hacer milagros” y devolver un poco de confianza a las mujeres de un campamento de desplazados al este de la ciudad iraquí de Mosul.

La joven kurda iraquí regenta un salón de belleza en Erbil, la capital del Kurdistán iraquí, pero dedica dos días al mes a “poner guapas” a las mujeres que lo han perdido todo para que recuperen “sobre todo la autoestima”.

Hay unas 3 mil 600 mujeres en el campamento de Hasancham; algunas llegaron hace semanas, otras días. Se fueron de sus viviendas de Mosul casi con lo puesto para huir de los combates entre las fuerzas iraquíes y los yihadistas del grupo Estado Islámico (EI).

Al principio se muestran reticentes a separarse de sus maridos para irse con una desconocida, pero Chnoor convence a una decena para que la sigan hasta una peluquería improvisada.

“Les propongo un corte, la depilación de las cejas y facial; no piden nada concreto, les basta con que me ocupe de ellas”, afirma, asombrada, la peluquera de 31 años.

Fotografía: SAFIN HAMED / AFP

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Mervet, de 30 años, mira atentamente cómo Chnoor mezcla la cera con sus manos, la coloca en el rostro un poco crispado de una joven y la arranca de un golpe seco.

“En Mosul, antes del EI, trabajaba en un salón de belleza. Ver de nuevo estos gestos me emociona”, confiesa.

Azhar, de 34 años, llegó al campamento hace dos días, tras haber arriesgado la vida cruzando el río Tigris para huir de la parte oeste de Mosul, todavía en poder de los yihadistas.

“Hace semanas que los habitantes carecen de todo: los precios se han disparado, sólo quedan patatas, trigo y lentejas”, cuenta, temblando de rabia.

De pronto se mira en el espero y sonríe. “¡Nunca hubiera imaginado que un corte de pelo me agradaría tanto!”

– ‘Dignidad’ –

Al rato decenas de mujeres se acercan al “salón de belleza”, encantadas de poder quitarse el velo para cortarse el pelo.

“Aquí en el campamento no hay lugar para las mujeres. Hay peluqueros para hombres, juegos para los niños pero nada para nosotras”, murmura Ghada, de 23 años y con dos hijos.

“Nuestra piel está quemada por el sol, necesitamos cremas, productos de higiene ¡Ni siquiera tenemos sostenes!”, protesta Safa, a su lado.

Fotografía: SAFIN HAMED / AFP

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Chnoor, la peluquera, les da la razón. “No es vergonzoso querer recuperar la feminidad. Sobre todo en condiciones tan difíciles, están el juego el bienestar y la dignidad”.

Ghada vino por curiosidad, pero no se atreve a sentarse en el sillón. “Desde que llegamos aquí (hace seis semanas), estoy angustiada constantemente, tengo pesadillas, ataques de angustia, sospecho que todo el mundo es un espía de Dáesh”, un acrónimo en árabe del EI.

“Creo que necesito hablar con alguien… con un psicólogo”, dice suspirando y con una sonrisa forzada.

Al atardecer, después de casi siete horas de trabajo a buen ritmo, Chnoor deja las tijeras, agotada pero feliz.

“Mire sus rostros ¡Cómo se han transformado! Llegaron desconfiadas y ensimismadas y se van de aquí relajadas y orgullosas de haberse dedicado un tiempo para ellas”, afirma.

A su lado Mervet, que acabó sacándose el velo azul para enseñar su largo cabello rubio, está de pie, radiante. Se puso manos a obra, agarrando las tijeras para cortar el pelo a los niños.

Chnoor se va pero ya está deseando volver. Será dentro de 15 días.

 

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