“Pedro Páramo” influyó en la creación de “Cien años de soledad”


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Notimex
20 marzo, 2017 , 10:00 am

  • Uno de los milagros en la literatura fueron los imaginarios colectivos que crearon -primero Rulfo y después García Márquez- en Comala y Macondo, en forma respectiva

Bogotá, Colombia.- La obra del escritor mexicano Juan Rulfo es una de las influencias más importantes en Gabriel García Márquez que se refleja en toda la estructura de su libro “Cien años de soledad”, aseguró el escritor Gustavo Tatis, estudioso de la obra del Nobel de Literatura 1982.

Uno de los milagros en la literatura fueron los imaginarios colectivos que crearon -primero Rulfo y después García Márquez- en Comala y Macondo, en forma respectiva, dijo.

Para los estudiosos de la obra de estos dos grandes de la literatura universal, Juan Rulfo, autor de “Pedro Paramo”, tuvo una gran influencia en García Márquez, creador de “Cien años de soledad”.

En entrevista con Notimex, el periodista y escritor Gustavo Tatis recordó que García Márquez trabajó junto a Rulfo cuando llegó a México, el país que lo acogió hasta el día de su fallecimiento, el 17 de abril de 2014.

El escritor colombiano “trabajó con Juan Rulfo cuando llegó a México. García Márquez sobrevivió varios años mientras escribía ‘Cien años de soledad’. Sobrevivió trabajando en publicidad y haciendo guiones cinematográficos. Hizo un guión basado en ‘Pedro Paramo’ y trabajó con (el escritor mexicano) Carlos Fuentes”, indicó Tatis.

Sostuvo que el escritor colombiano cuando leyó por primera vez, en 1960, “Pedro Páramo”, quedó impactado al igual que en 1947, cuando tuvo en sus manos “La Metamorfosis”, de Frank Kafka, en una edición de 1943, que fue traducida por Jorge Luis Borges.

García Máquez, conocido como Gabo, contaba que “se cayó de la cama cuando leyó ‘La Metamorfosis’. También se cayó de la cama cuando leyó ‘Pedro Páramo’, que lo leyó hasta cinco veces”, afirmó Tatis.

Gabo “se sabía de memoria párrafos enteros de ‘Pedro Páramo’”, enfatizó Tatis, quien recuerda sus encuentros con García Márquez en Cartagena, la ciudad donde reposan parte de las cenizas del laureado escritor.

Entre las influencias que tuvo García Márquez, en la construcción de su trabajo literario, y en particular en “Cien años de soledad”, destacó la de los escritores William Faulkner (1897-1962); Virginia Woolf (1882-1941); Juan Rulfo (1917-1986); y la obra “Las mil y una noches”, una compilación de cuentos tradicionales de Medio Oriente.

“Creo que uno de los hallazgos fundamentales es descubrir que ‘Pedro Páramo’, de Juan Rulfo, fue un libro demasiado importante para García Márquez por muchas razones. García Márquez necesitaba hacer volar a Remedios, pero hacerla volar le costó mucho trabajo. No es fácil decir que una mujer vuela a las cuatro de la tarde”, dijo.

“Lo importante es hacerle creer al lector que bajo un soplo divino y sobre natural, Remedios asciende al cielo en cuerpo y alma”, añadió Tatis.

“Yo encuentro que Susana San Juan -el personaje de Rulfo en ‘Pedro Páramo’- ella sube al cielo también, pero es percibida por Pedro Páramo cuando dice: ‘pasaste rozando las hojas del paraíso’, voló tan alto que pasó por el paraíso e hizo temblar sus hojas”, explicó.

Creo “que hay una referencia entre Susana San Juan y Remedios la Bella. Ahora hay una estructura gramatical de tiempo que encuentro similar en los escritores Virginia Woolf -la mejor escritora inglesa de la primera mitad del siglo XX- y Juan Rulfo en México. Los dos logran una estructura de tiempo que García Márquez asimila”, agregó Tatis.

En la obra “La señora Dalloway” (1925) de Virginia Woolf,  “en un sólo párrafo la señorita Dalloway se mete en un vehículo en los años 20, y de repente la escritora nos hace recordar que ese ser que está perfumado, que es una mujer preciosa, dentro de poco será un cadáver”.

“Recuerda que no solamente ella va a ser arrasada por el tiempo, sino que al tiempo la ciudad de Londres va a ser arrasada por los vientos y por la ruina”, comparó.

Para Tatis “ese tono apocalíptico de la novela de Virginia Woolf, es el mismo tono apocalíptico en los últimos párrafos en “Cien años de soledad”.

“Encuentro que ese había de recordar está en ‘Pedro Páramo’ de Juan Rulfo. Entre nosotros (los colombianos), es muy fácil que alguien escriba: José Arcadio habría de recordar aquella tarde remota ( …) Uno aquí el tiempo que maneja es un tiempo más sencillo”, anotó.

Tatis explicó que “uno dice por ejemplo José Arcadio recordó. Pero a García Márquez no le interesaba el recordó, sino el que recordaría, porque el recuerdo estaba como en un tiempo encajonado. Digamos como una enorme cebolla de tiempo donde cada piel es una parte del tiempo, y hay unas capas de tiempo alrededor de esta trama narrativa”.

Insistió que García Márquez, “quería que su historia no se desarrollara en un tiempo lineal”.

El otro gran aporte es que en “’Pedro Páramo’ todos los personajes están muertos y están conversando en el cementerio”.

“José Arcadio Buendía (en “Cien años de soledad”), después de matar a Prudencio Aguilar, el muerto se le aparecía y pudieron conversar más allá de la muerte, tener esa compasión más allá de la muerte y eso lo encuentras también en Juan Rulfo”, dijo.

“Los muertos conversan, se compadecen, recuerdan cosas del pasado y García Márquez necesitaba un paso más allá de la muerte para hablar de la vida, el amor y los conflictos entre los seres humanos”, argumentó Tatis al comparar los escenarios y las historias que se mueven en los mundos de Comala y Macondo.

A García Márquez “le interesó contar historias que tuvieran como escenario una casa, pero finalmente la casa se quedaba pequeña, entonces utilizó el pueblo como escenario de todas sus novelas”.

En Faulkner, Dios es un personaje y García Márquez “también tiene a Dios como personaje y al pueblo (…) Macondo es un coro, como el coro griego que observa todo que incluso ya sabe lo que va ocurrir. Ese mecanismo de clarividencia lo veo también en William Faulkner”.

Faulkner tiene “a su pueblo mítico que observa a sus personajes y Dios también lo es, pero no ocurre tan evidente. García Márquez leía las novelas no por el placer de saber cómo terminaban, sino por el placer de saber cómo estaban escritas y desarmaba las historias”.

Tatis sostuvo que leyendo a Faulkner descubrió que “si él (Gabo) no lo dice, alguien tenía que decirlo, que él tiene una evidente influencia de Faulkner en la creación de Macondo”.

La historia de ambos escritores “es muy parecida. Faulkner tuvo un abuelo coronel de la guerra de Secesión en Estados Unidos, y encuentro en las novelas de Faulkner un mundo muy parecido al de Macondo”.

Encuentro “ese mundo del sur de Estados Unidos, esos negros entre los algodonales del Misisipi, el ambiente caliente donde hay conflictos sociales y raciales”, indicó.

Tatis, editor cultural del diario El Universal de Cartagena, consideró que “García Márquez supo descifrar el mundo de Faulkner y decir yo viví en una casa que fue construida por ingenieros que trabajaron en la United Fruit Company, y en esos campamentos las casas eran parecidas a las casas del sur de Estados Unidos”.

García Márquez  creció “en un ambiente muy cercano al de William Faulkner. Lo que García Márquez hace es contar su propia historia, pero encontró caminos parecidos de los conflictos sociales en el sur de Estados Unidos con el caribe colombiano, que universaliza en sus novelas”, señaló.

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